El precio de decir siempre que sí
El “sí” fácil abre puertas a todos, menos a tí. Porque mientras otros descansan en tu entrega, tú cargas el peso de estar siempre para los demás. Y nadie te advierte que lo que parece generosidad también puede volverse una forma de autoabandono. ¿ Cuántas veces has dicho “sí” cuando en realidad querías decir “no”? Se vale ayudar a todos, incluso a los que apenas conoces. Se vale estar “casi siempre disponible”. “Tengo cinco minutos para ti, pero…” ¿cuán grande es el peso que se carga? No siempre recibes agradecimiento. La mayoría de las veces, incluso, te reprochan porque no hiciste las cosas como ellos querían, o porque nunca parece ser suficiente. (Mi madre es experta en ello). Te ven como alguien bueno, amable, servicial. El que tiene tiempo para todo y para todos. Son los mismos que no te escriben en cuatro meses, pero un sábado a las tres de la mañana te despiertan porque “necesitan algo”. ¡No me jodas! Y claro, ahí vas al rescate: el amigo detective, quien se mete en revolic...