Ojos que no ven, corazón que no siente
Vaya frase urbana que aún se sigue usando, por muy hipócrita que sea. En todos los ámbitos de nuestra vida hemos repetido estas palabras, como un escudo barato para ocultar un trasfondo oscuro, como si negar lo evidente pudiera borrar lo que sentimos. Porque claro, mientras no sepas la verdad o no conozcas la magnitud de la mentira, puedes girar la vista hacia otro lugar y fingir tranquilidad. Pero no, amigos míos. El cuerpo no miente. Y bajo mi experiencia, el sexto sentido tampoco. Cuando algo me huele raro, puedo pasar noches en vela, dando vueltas, con el insomnio como compañero fiel. Pero de que descubro de dónde viene la picazón, lo descubro. No puedo hacer como si todo estuviera “bien” cuando dentro de mí la alarma suena una y otra vez. No es paranoia, es intuición. Porque una duda bien plantada no siempre nace de la inseguridad ni de la falta de autoestima; muchas veces es la señal clara de que algo se rompió en silencio. Existen gestos, actitudes, cambios de rutina que dicen m...