“Soledad honesta vs. compañía rota”

 Cuando somos jóvenes cometemos el error de entregarle el corazón a cualquiera.


Como quien presta un juguete y espera que se lo devuelvan sano (y son pocos los que no rompen).

 Llegamos a confundir el amor o estar enamorado con ese cosquilleo en las tripas, con un latido acelerado y respiración entrecortada. Pero eso también es ilusión, aventura, descubrir algo nuevo que nos saca de nuestra zona de confort. (Hablando desde el lado bueno; en el lado malo es ansiedad, así que sal corriendo, porque tu salud mental es lo más importante).

Todo el mundo desea una validación, ya sea en el entorno familiar, con los amigos o hasta en el trabajo. Pero cuando sentimos que somos el centro del universo de alguien, las sensaciones nos superan. Y es cuando empezamos a ponerle nombre a cada piedra que nos cruzamos en el camino, equivocadamente.


Datos de vital importancia que quizás no te interesen, pero tu amiga la Wikipedia te lo resume:

¿Qué le sucede a nuestro cuerpo cuando nos enamoramos?

 Algunas sustancias conocidas como “las hormonas del amor” provocan reacciones físicas relacionadas con la sensación de estar enamorado.

Aumenta el cortisol, la hormona del estrés, durante la fase inicial (preparando nuestro cuerpo para afrontar la “crisis”). El cortisol regula el estado de ánimo, la tensión arterial y la cantidad de azúcar en sangre; es el aumento de esta hormona lo que nos hace sentir esa “pasión”.

La dopamina contribuye a hacer del amor una experiencia placentera similar a la euforia, asociada incluso al consumo de cocaína o alcohol. (De ahí nuestros vicios obsesivos compulsivos).

Por otro lado, la atracción libera altos niveles de dopamina y noradrenalina. Todas estas sustancias nos ponen enérgicos y felices. Puede disminuir nuestro apetito y provocar el insomnio. Alguna vez habrán escuchado aquella frase: “Está tan enamorado que ni come ni duerme”. Pues por ahí viene la cosa.


Y ahora, volviendo al presente, ¿qué les quiero decir con esto? Que está bien sentir una atracción por alguien, pero cuando vayan a entregar algo más que su carne, piénselo dos veces. Ni los buenos arquitectos son capaces de construir un alma rota, ni existen mascarillas que desaparezcan las arrugas del corazón.


Se ha vuelto muy difícil querer y ser correspondido. Todo el mundo quiere más, y lo genuino no es suficiente. El sentir se ha convertido en algo material, en el dinero que tienes en el banco o en lo que estás dispuesto a hacer o a trabajar para mantener a tu pareja “feliz”. Y eso, amigo, ni es vida, ni es paz, y jamás serás feliz, ni suficiente.


Pocos aprenden a estar solos teniendo la libertad para quererse ellos mismos. Entonces se ven obligados a permanecer en una relación que no avanza y ya no funciona. Por miedo a la soledad, deciden vivir en una rutina interminable. Ya no buscan una compañía para toda la vida, alguien que disminuya el peso que cargas en la espalda a diario. Buscan atención, validación, dependencia emocional que a la larga crea más problemas que soluciones.


Y entonces llegamos a este punto: ¿qué es realmente amar?


Tal vez hemos confundido la palabra demasiadas veces, adornándola con promesas que no supimos sostener y con miedos que nunca aprendimos a soltar. Amar no debería ser un campo de batalla ni un contrato de obligaciones; debería ser un refugio donde ambos se eligen sin cadenas ni disfraces.


Pero la verdad es que muchos prefieren una jaula antes que el vértigo de la libertad. Se aferran a relaciones que solo existen en la costumbre, a caricias que ya no curan, a frases que se dicen de memoria. Porque estar solo duele, pero estar mal acompañado duele más… y aun así, lo aceptamos.


Quizás el mayor reto no sea encontrar a alguien que te ame, sino aprender a quedarte contigo mismo sin huir. Porque cuando logras ser tu propia compañía, descubres que no necesitas mendigar amor: lo compartes, lo multiplicas, lo disfrutas.


Así que, antes de volver a entregar tu corazón como si fuera un juguete prestado, pregúntate: ¿quiero alguien que lo cuide, o alguien que solo lo use para llenar su vacío? A veces la respuesta duele, pero también puede salvarte.


Al final, el amor no se mide en lo que damos, sino en lo que dejamos de perder para conservarnos enteros. Y créeme, es mejor una soledad honesta que una compañía rota.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Por donde empezar

Cumplir años, cumplir vida!!

La primera vez que el corazón aprendió a latir distinto